LA TÉCNICA METAMÓRFICA

 

La vida actual genera tensiones que nuestro organismo puede transformar en enfermedades. Sin embargo, hay técnicas muy simples que pueden ayudarnos a reequilibrar las energías internas y mejorar así nuestra calidad de vida. Y no hacen falta conocimientos especiales para aplicarlas.

En el conjunto energético que es nuestro organismo existen una serie de canales y vórtices de energía que fueron ya -no se sabe cómo- delimitados por las antiguas culturas orientales y aprovechados para el tratamiento de muchas enfermedades al estimularlos con agujas -es el caso de la acupuntura- o con los dedos -las técnicas de acupresión-. Culturas que observaron cómo cada parte del cuerpo está relacionada con alguno de esos canales o meridianos de energía y que también atribuían a cada órgano puntos reflejos en otras partes del cuerpo que confluían en manos, pies, orejas y nariz, donde su estimulación producía efectos similares -aunque no tan específicos- como los de la acupuntura o los masajes energéticos.

Más adelante -a principios de siglo-, W. Fitzgerald sistematizó el estudio mediante lo que denominaría Terapia de zonas. Para ello dividió el cuerpo en diez zonas y planteando que la energía que fluye por ellas tiene su correspondencia en puntos reflejos de manos y pies estableció el primer mapa occidental de reflexoterapia plantar. Pero el paso más importante lo daría R. St. John, naturista de la antigua escuela que llegó a la conclusión de que las alteraciones que encontraba en el estudio de las zonas reflejas del pie tenían su correspondencia con bloqueos de la columna vertebral y con problemas en la esfera psíquica. Además planteó la existencia de una matriz temporal en los puntos reflejos vertebrales dando lugar a lo que se terminaría desarrollado como Técnica Metamórfica, aplicable no sólo a los problemas físicos generales sino a los desequilibrios de la esfera psíquica y espiritual en la medida en que también actúa sobre el esquema prenatal que todos llevamos superpuesto en las zonas reflejas. Y es que el practicante de esta técnica no tiene en cuenta los síntomas ni las enfermedades: actúa siempre sobre ese esquema prenatal para que sea la propia fuerza vital del organismo la que armonice de nuevo a la persona enferma y ésta sane.

UN SISTEMA CÓMODO Y SENCILLO
Al no buscar diagnósticos ni correspondencias zonales, el masaje metamórfico no requiere un especial entrenamiento teórico. Es la práctica la que habitualmente desarrolla la mejor técnica con una base de conocimiento mínima y cualquier persona puede darlo o recibirlo, independientemente de su edad y estado de salud.
Se trata básicamente de un masaje que se da en manos, pies o cabeza, indistintamente. Ahora bien, en el caso de los adultos no debe practicarse más de una vez por semana en los pies ya que es preciso un tiempo de reorientación interior entre sesión y sesión. Y éstas no deben durar más de una hora. Sólo en los períodos de crisis pueden hacerse sesiones diarias pero de diez minutos por pie como máximo.
Con los niños, sin embargo, es diferente. Su ritmo es mucho más rápido que el del adulto y puede asumir tratamientos más frecuentes aunque por la propia inquietud de la infancia deben hacerse mucho más cortos, de no más de 10 a 15 minutos por sesión.
En las manos o en la cabeza, sin embargo, pueden hacerse tan a menudo como lo desee el paciente ya que -según la técnica metamórfica- expresan funciones secundarias y su efecto no tiene tanto alcance como en los pies.
Es importante, al terminar el masaje, lavarse las manos con agua fría -que no abre los poros- a fin de eliminar excesos de energía transmitidos por el paciente.

LA TÉCNICA
Es importante también que el practicante se encuentre un poco al margen, sin implicarse directamente en el masaje a fin de evitar que la propia actividad emocional pueda transmitirse al paciente, lo que haría perder efectividad al tratamiento.

POR DÓNDE EMPEZAR
Las normas dicen que el masaje se debe empezar por el pie o la mano derecha ya que este lado representa lo que el paciente está haciendo en la vida en el momento presente y facilita que la fuerza vital despeje el camino para la liberación de otros conflictos.
En técnica metamórfica, el lado izquierdo expresa los esquemas latentes, existentes desde el momento de la concepción y que pueden ser puestos en marcha a través del amasamiento. Por supuesto, esto no tiene que ver con que el paciente sea zurdo o diestro aunque es importante que, se empiece por donde se empiece, los dos lados del cuerpo reciban el mismo tiempo de masaje.

LOS PIES
Sentado cómodamente en una cama o sofá, se pone el pie del paciente sobre las rodillas. El pie se toma con ambas manos dejándolas reposar un corto rato para ir tomando contacto y concentrase en el proceso. Luego se inicia el masaje tomando el pie entre las manos y acariciando con firmeza desde los dedos al tobillo. Es irrelevante la situación del miembro. No importa si está frío, húmedo o seco porque no se trata de hacer un diagnóstico sino de integrarse en su sistema psicofísico.
El masaje propiamente dicho empieza con el frotamiento de los pulgares a lo largo de los puntos de reflexoterapia correspondientes a la columna vertebral, es decir, a lo largo del borde interno del pie desde la base del dedo gordo hasta el talón. Este masaje puede hacerse con más o menos fuerza, amasando, acariciando y presionando toda la zona en forma suave pero firme, un poco al aire de cada uno. Una zona importante y que requiere atención y dedicación es la cara exterior del dedo gordo, sobre todo a nivel de las esquinas superior e inferior de la uña, que corresponden a la glándula pineal (epífisis) y a la glándula pituitaria (hipófisis). También es conveniente trabajar la parte alta del talón donde se inserta el tendón de Aquiles que, para la técnica metamórfica, representa el punto reflejo del nacimiento.
Luego se masajea de la misma forma todo el pie, desde el empeine a la planta, durante una media hora.

LAS MANOS
La técnica es parecida. Se inicia sujetando firmemente con las dos del practicante la mano derecha del paciente. Luego se va masajeando desde el extremo del pulgar hasta la muñeca, pasando después por el dorso de la misma y amasando y presionando palma y dorso para volver al dedo gordo y la cara correspondiente de la muñeca.
Este masaje debe durar de diez minutos a un cuarto de hora en cada mano, pudiendo alternarse ambas manos durante la sesión.

LA CABEZA
Con el paciente cómodamente sentado en una silla, el practicante se coloca detrás de pie y coge con ambas manos la cabeza. El masaje se inicia de arriba abajo, desde la coronilla a la nuca, siguiendo la línea central y utilizando una mano mientras la otra descansa suavemente sobre la frente para sujetar la cabeza y evitar tensiones musculares por parte del paciente. El masaje puede hacerse con presiones más o menos fuertes con las puntas de los dedos, levantándolos entre punto y punto para no dar tirones de pelo.
Puede darse también durante unos diez minutos y dejar luego al paciente que disfrute de la sensación de bienestar y relajación que produce este tipo de terapia.
La Técnica Metamórfica -independientemente de su contenido filosófico- es uno de los sistemas más cómodos y sencillos para conseguir un alto grado de bienestar y, practicada con frecuencia, contribuye a mejorar el estado físico gracias a la activación de la circulación de retorno y a una mayor actividad en la eliminación de tóxicos.


Andrés Rodríguez-Alarcón